El fenómeno de El Niño está forzando al sector agrícola nacional a una reinvención operativa, demandando que productores y técnicos abandonen prácticas históricas para adaptarse a un contexto climático radicalmente diferente.

Se prevé que durante la primavera varias regiones enfrenten tormentas de magnitud considerables e precipitaciones extraordinarias. Sin embargo, el período de máxima preocupación será entre finales del verano y el otoño de 2027, cuando los efectos del fenómeno alcanzen su punto más intenso.

El desafío principal radica en la naturaleza contradictoria del fenómeno. Dentro de un mismo país, algunas zonas sufrirán encharcamientos y riesgos de inundación mientras otras padecerán sequías severas. Esta dualidad climática requiere soluciones técnicas sofisticadas y adaptadas territorialmente.

La infraestructura hídrica de las explotaciones debe someterse a revisión exhaustiva. Drenajes insuficientes en áreas de riesgo, falta de almacenamiento para períodos secos, y sistemas de riego anticuados se volverán rápidamente obsoletos. Las inversiones en modernización de estas instalaciones se tornan imprescindibles.

La selección de cultivos también necesita replanteamiento. Los materiales genéticos empleados históricamente pueden resultar inadecuados para estas nuevas condiciones. Se requieren variedades con mayor resiliencia ante variabilidad hídrica extrema.

Los tiempos de siembra también deben reordenarse. Estrategias que eviten exponer los cultivos a momentos de riesgo climático máximo implicarán cambios respecto a calendarios tradicionales que muchos productores han seguido durante años.

Organismos especializados recomiendan vigilancia permanente de pronósticos meteorológicos estacionales y disposición constante para modificar planes operacionales. En este contexto, la agilidad en la toma de decisiones resultará más valiosa que la adherencia rígida a patrones históricos.

Aunque el contexto es exigente, representa también una ventana para transformar prácticas agrícolas hacia sistemas más sustentables y preparados para afrontar desafíos climáticos futuros.

Imagen: Péter Kövesi / Pexels – Con informacion de Clarín Rural

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